Existe un lugar donde la historia comenzó a escribirse, una tierra que es archivo vivo de nuestra especie. Dicen que El Creciente Fértil es el corazón del mundo, y hoy lo vemos sangrar. Desde las sagradas aguas del Jordán, cuna de nuestras primeras aldeas, hasta las tierras del Tigris y el Éufrates, donde la humanidad aprendió a ser civilización. Bajo el mismo firmamento cuyos astros inspiraron nuestros primeros mitos y verdades. Hoy se tala el origen. Oriente Medio no es un concepto geopolítico; es la raíz de nuestra especie, una raíz viva.
Hoy se elimina violentamente la continuidad de las familias que han pisado ese suelo durante milenios, La tierra experimenta una amputación irreversible. Nos preguntamos, dejará de ser hogar para transformarse en espacio geográfico inerte?
Mientras unos eligen la indiferencia, el refugio del consumo, otros prefieren salvaguardarse del contexto social cuidando su energía vital. No ver ni involucrarse en conflictos que llevan décadas he visto aconsejar. También hay personas que reconocen en este dolor una herida propia, que denuncian, boicotean, visibilizan, marchan, colaboran con la comunidad palestina, personas que se han organizado, embarcándose en flotas desde distintos lugares del mundo para romper el bloqueo de Israel sobre Gaza; personas que han perdido sus trabajos por expresar el repudio que sienten ante la barbarie, entre otros. Y a pesar de nuestra libertad de elegir de qué tanto involucrarse, nadie está exento de esto.
¿Qué significa para la humanidad y qué secuelas nos traerá? Hemos condenado a nuestra especie a cargar hoy con su propia y desgarradora ignominia. ¿Cómo ahora nos podríamos llamar? ¿ahora que hemos perdido el nombre humanidad?
El poder… personas bien armadas masacrando a personas desarmadas.
El mapa del mundo se llenó de fronteras impasibles y discursos vacíos; una quietud cobarde. Lideres, inutilidad absoluta, miseria política que no representa a nadie. Permitiendo que hoy el paisaje común sea el dolor ajeno. ¡Que insoportable!.
¿Qué esperanza queda? La que nace de saber que la luz de la verdad, una vez encendida, jamás vuelve a ser ignorante. Miles de años repitiendo la misma barbarie en la oscuridad, protegidos por la ignorancia global. El fin de la ignorancia colectiva es el principio del fin de la opresión. El hecho de que este genocidio sea el primero en la historia documentado en tiempo real, hizo despertar nuestra conciencia civil tras décadas de silencio, décadas bajo mentiras… la verdad ha cambiado las reglas del juego para siempre. Aunque la justicia “divina” camine despacio y siga derramándose sangre de inocentes, la resistencia de Palestina no se puede borrar, no es opcional, ya está grabada la memoria eterna de la especie, plasmada en la matriz de la existencia. Ninguna fuerza armada puede borrar del mapa a un pueblo cuya raíz constituye un código inviolable de la existencia. Esta traición contra la propia naturaleza humana jamás logrará su cometido.
- D.B.