EL Pulso del Cielo, crónicas del reloj cósmico. El señor del inframundo ha fijado su morada en el soplo de Acuario.

EL Pulso del Cielo, crónicas del reloj cósmico. El señor del inframundo ha fijado su morada en el soplo de Acuario.

Un día, a finales de noviembre del 2024, Plutón se asentó en Acuario, ya lo había visitado, y no le pidió permiso, pero al portador del agua ni le importó;  No sabe de exclusión y sin inclinarse lo recibió. Su cualidad rupturista se alió a la destrucción de Plutón, y esto, sin duda, traerá conmoción.

Plutón es Hades, el señor del inframundo; es el planeta de la muerte, del poder, de la destrucción, del renacimiento, de la renovación… en Acuario, el signo de la innovación, del desapego, del intelecto, independencia, rebeldía y comunidad. Esta abrupta fusión, reescribirá el código de nuestra mente colectiva. Entre quiebres absolutos y desafíos brutales, se gesta la urgencia de una transfiguración. Y será de forma tan profundo que no solo alterara la forma exterior, sino que revelará una esencia nueva; más gloriosa, más verdadera y radicalmente más soberana.

El poder deja de ser una cima para convertirse en red? No hay espacio para la imaginación porque la realidad ya se está resquebrajando: estamos ante una purga que viene arrancar cada mascara construida.

Su avance es lento y denso. Carga una gravedad que no admite tregua ni resistencia. Plutón no viene solo a sacudir el aire; retrógrada en un movimiento calculado y deliberado para que miremos dentro. Es un escrutinio que desentierra lo que quedó a medio morir, lo que fue farsa, lo que ya no es. Este movimiento no es respiro; es presión. La presión necesaria para que la esencia se desprenda, por fin, de su vieja forma.

Duele, sí, porque Plutón no acaricia, arranca, nos obliga a soltar aquello en lo que basamos nuestra identidad. No es un sufrimiento gratuito, es el precio de la autenticidad.  Lo que se pierde es humano, pero la transmutación será divina; y en ese choque de fuerzas, es nuestro ego lo que quedará expuesto.

Plutón en Acuario nos exige autenticidad, obligándonos a mirar de frente nuestra oscuridad, hasta retomar su camino directo, el 16 octubre. Esta travesía apenas comienza; el señor del inframundo ha fijado su morada en los vientos de Acuario por las próximas dos décadas, hasta el 2044, su peso será nuestra constante, asegurando que la metamorfosis de la mente colectiva sea absoluta e irreversible.

Daniela B. 2026